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Fiebre en perros y gatos: cómo saber si tienen fiebre y cómo tomarles la temperatura

Fiebre en perros y gatos: cómo saber si tienen fiebre y cómo tomarles la temperatura

Cuando nuestro perro o gato está decaído, come menos o lo notamos más caliente de lo habitual, una de las primeras preguntas que nos hacemos es: ¿tendrá fiebre?

Aunque tocarle las orejas, la trufa o el cuerpo puede darnos una pista de que algo no va bien, no sirve para saber con precisión si tiene fiebre. La única forma fiable de comprobarlo es medir su temperatura con un termómetro.

 ¿Cuál es la temperatura normal de perros y gatos?

Los perros y los gatos tienen una temperatura corporal más elevada que las personas.

En términos generales, la temperatura normal se encuentra aproximadamente entre 38 y 39,2 ºC, aunque puede variar ligeramente según el animal, su edad, su actividad y la situación en la que se encuentre.

Por eso, una temperatura algo superior a la nuestra no significa necesariamente que tenga fiebre.

La fiebre aparece cuando el organismo eleva de forma regulada su temperatura como respuesta, por ejemplo, ante determinadas infecciones, procesos inflamatorios u otras enfermedades.

 ¿Cómo puedo saber si mi mascota tiene fiebre?

Algunos signos que pueden aparecer son:

  •  Decaimiento o falta de energía
  •  Pérdida de apetito
  •  Temblores
  •  Respiración más rápida de lo habitual
  • Ojos con aspecto apagado
  • Mayor somnolencia
  •  Malestar general
  •  En ocasiones, vómitos o diarrea

Pero es importante recordar que estos síntomas no indican por sí solos que exista fiebre. Pueden aparecer por muchas otras causas.

Y al contrario: un animal puede tener fiebre sin mostrar signos muy evidentes al principio.

 ¿Cómo se toma la temperatura a un perro o gato?

La forma más precisa de medir la temperatura corporal en casa suele ser mediante un termómetro digital por vía rectal.

 Paso a paso

  1. Utiliza un termómetro digital. Preferiblemente uno destinado exclusivamente a tu mascota.
  1. Lubrica la punta del termómetro. Puedes utilizar un lubricante adecuado para facilitar la introducción.
  2. Mantén al animal tranquilo. Lo ideal es que otra persona te ayude a sujetarlo suavemente, especialmente si está nervioso.
  3. Levanta cuidadosamente la cola e introduce la punta del termómetro suavemente en el recto. No es necesario introducirlo profundamente.
  4. Espera hasta que el termómetro indique que la medición ha terminado.
  5. Retíralo con cuidado, limpia y desinfecta el termómetro.
  6. Nunca hay que forzar la introducción del termómetro. Si el animal se muestra muy nervioso, intenta morder, tiene dolor o resulta imposible realizar la medición de forma segura, es mejor no insistir y acudir a la clínica.
 ¿Cuándo debería preocuparme?

Una temperatura elevada debe valorarse junto con el estado general del animal y el resto de síntomas.

Si tu perro o gato presenta una temperatura claramente anormal, especialmente si está muy decaído, no quiere comer o beber, tiene dificultad para respirar, vómitos o diarrea persistentes, dolor, temblores, desorientación, convulsiones u otros signos preocupantes, debe ser valorado por un veterinario.

También es importante consultar si la temperatura permanece elevada o si el animal empeora aunque la temperatura no sea extremadamente alta.

 Nunca administres medicamentos humanos por tu cuenta

Ante la sospecha de fiebre, no debemos administrar medicamentos como paracetamol, ibuprofeno o aspirina sin indicación veterinaria.

Algunos medicamentos de uso habitual en personas pueden resultar tóxicos para perros y, especialmente, para gatos, incluso en cantidades que pueden parecer pequeñas.

 La temperatura es una pista, no un diagnóstico

La fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino un signo que puede acompañar a diferentes procesos. Por eso, bajar la temperatura sin conocer la causa no soluciona necesariamente el problema.

Si notas que tu mascota no está como siempre, observa su comportamiento, apetito, hidratación y el resto de síntomas y, si tienes dudas, consulta con tu veterinario.

Ellos no pueden decirnos qué les pasa, pero su cuerpo nos da muchas pistas. Aprender a reconocerlas también es una forma de cuidarles.

 

 

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