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¿Realmente es necesario llevar el gato al veterinario?

¿Realmente es necesario llevar el gato al veterinario?

La respuesta, sin lugar a dudas, es sí. Como profesionales de la veterinaria nos encontramos con propietarios que nunca han llevado a su gato a la consulta. Las causas pueden ser muy diversas, bien porque ven a su gato perfecto en el día a día, bien porque no quieren someterle al estrés que para muchos gatos supone salir de casa... Sea cual sea el motivo, recomendamos que lleves a tu gato a tu veterinario de confianza con cierta regularidad para garantizar su salud presente y futura.

Un chequeo felino anual puede detectar trastornos de salud, no evidentes, que pueden complicarse en el futuro si no se tratan debidamente.

Del mismo modo, establecer un programa de vacunación es primordial tanto para tu gato como para el resto de miembros de la familia.

Si acabas de incorporar un gatito a tu familia, recomendamos concertar una visita con el veterinario no más tarde del tercer día desde que lo hayas llevado a tu hogar. En la consulta realizaremos una serie de pruebas como palpación de órganos, revisión de los ojos y oídos, auscultación de corazón, revisión dental, revisión de las articulaciones, análisis coprológico para descartar parásitos internos, etc... y puedes aprovechar para consultarnos todo tipo de dudas que te puedan surgir relacionadas con la salud de tu gato, como alimentación, desparasitación, comportamiento, etc.

Si, por el contrario, tu gato lleva muchos años contigo y se encuentra en edad avanzada, también recomendamos un chequeo felino, como prevención para ayudarle a vivir muchos años más.

Por supuesto, no dudes en concertar una visita con tu veterinario ante cualquier cambio de comportamiento que observes en tu gato, como pérdida de actividad, que duerme más de lo habitual, si tiene dificultad para asearse, si maúlla más, si come y bebe más de lo normal o si deja de utilizar el arenero.

A continuación, te detallamos algunos consejos útiles para cuando acudas a la consulta:

  1. Elige un transportín adecuado y cómodo, ni muy grande ni muy pequeño.
  2. Introduce al gato dentro, por la puerta delantera, con mucho cuidado.
  3. Si vas a caminar por la calle con el transportín, intenta no moverlo mucho.
  4. Si lo llevas en el coche, coloca el transportín en un lugar seguro y evita que se mueva.
  5. Cuando llegues a la clínica sitúalo frente a ti, de modo que el gato pueda verte y cubre el transportín con una sábana, manta o toalla.

Recuerda, ¡los propietarios y los veterinarios formamos el tándem perfecto para que nuestras mascotas vivan sanas durante mucho tiempo!

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